lunes, 26 de marzo de 2012




Hay tardes que se vuelven de ceniza

sin siquiera haber ardido.

Tiempos donde el silencio

hace crecer telarañas bajo las flores,

donde el olvido amontona las hojas.


Sólo la palabra libera pétalos con alas

que ascienden como el perfume

a saludar otro día en su caída.


Hay veces que me salpica la tristeza

y me visto de musgo,

esas tardes soy de piedra.

Habitante de un jardín

que es pequeño paraíso

donde el aire del río

siempre termina por colorear

las cuerdas de la tarde,

hasta hacerla tambalear.



Tan balear…

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Hola Paula.
Esas tardes tapadas por la infausta ceniza es mejor dejarlas atrás.
Vuelve al día, al tuyo.