Cuaderno de mis navegaciones por la letra y otras alegrías...
miércoles, 19 de enero de 2011
Si Si no huyo del abismo del amor.
Si no caigo donde despeñan plumas las alas mutiladas.
Si aún tiemblo.
Si espero sin esperanza y escribo los bordes de este abismo interminable.
Si me sostengo al filo de esta copa sin fondo.
Llegará la estación de los besos. Florecerán las fiestas en tu piel.
Cuento
De: Carilda Oliver Labra
Yo era débil, rubia, poetisa, bien casada. Tenía deudas y una salud de panetela blanca. Hicimos una casa pobremente, muchas ventanas: para enseñar nuestros besos a las nubes, para que el sol entrara. La casa era tan bella que tú nunca dormías. Ya no eras abogado ni poliomielítico ni nada. Nunca dije: ¿cuándo vas a poner esa demanda? porque yo tampoco cocinaba. Fueron días como no quedan otros en las ramas. Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio: tus gatos lo orinaban, pero era tan feliz que no podía decir malas palabras. Ay, una tarde… (Septiembre tomó parte en la desgracia), Ay, una tarde (Dios estaría sacando crucigramas); ay, una tarde pusiste tantas piedras en mi saya que desde entonces ando inventándome la cara. El cuchillo tenía la forma de tu alma; yo quería ser otra, hablar de las estrellas (sobraron noche y cama). Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho: tus gatos lo orinaban, y era tan infeliz que no podía decir buenas palabras. Tarde en otoño. Miré las sábanas amargas, el jarro de la leche, las cortinas, y el crepúsculo me convirtió en su mancha. (Yo era un clavel podrido de repente, un canario botado). Con empujones que lo gris me daba, entre temblores, volví a la falda de mi madre. Pasaron tantas cosas mientras yo me bebía la soledad a cucharadas… Un viernes -un viernes en que tu olvido me enterraba- llegué a la esquina de la casa. Estaba allí como una tumba diferente, se veía otra luz por las ventanas. Tuve miedo de odiar… (Ya era hasta mala). Pasaron tantas cosas; el tiempo fue cosiendo mi mirada. Ahora no pueden asustarme con los truenos porque la luz me alza. Ahora no pueden confundirme con un libro. Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse, agujas que en mi carne se desmandan; ríanse, arañas que me tejen la mortaja; ríanse, que a mí, también, carajo, me da gracia!
lunes, 17 de enero de 2011
O yo deliro, o se te ha dado por poblar mi insomnio con tus luces, por sembrarme caricias en el alma hasta hacerla florecer.
sábado, 8 de enero de 2011
Sala de psicopatología
De: Alejandra Pizarnik, Poesía Completa - Lumen
Después de años en Europa Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap St. Pierre, Provence, Florencia, Siena, Roma, Capri, Ischia, San Sebastián, Santillana del Mar, Marbella, Segovia, Ávila, Santiago, y tanto y tanto por no hablar de New York y del West Village con ras- tros de muchachas estranguladas -quiero que me estrangule un negro -dijo -lo que querés es que te viole -dije (¡oh Sigmund! con vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en las mejores playas de Europa) y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada, y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo, aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18, persuadiéndome día a día de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos des- tino, -una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice: -El doctor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo Tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía. Nietzsche: "Esta noche tendré una madre o dejaré de ser." Strindberg: "El sol, madre, el sol." P. Eluard: "Hay que pegar a la madre mientras es joven." Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire, pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha, después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi útero (y como no pude, busco morir y entrar en la pestilente guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar) hablo de la concha y hablo de la muerte, todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo -la mahtma gandhi del lengüeteo, la Ein- stein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la roña! Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al lepro- so, pero ¿se casarían con el leproso? Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro, sí de eso son capaces, pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como ustedes: -¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no? Y sí, aquí en el Pirovano hay almas que NO SABEN por qué recibieron la visita de las desgracias. Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que la sala -verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la roña les da te- rror, y el desorden, y la soledad de los días habitados por anti- guos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia. Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría. Pero ¿qué cosa curar? Y ¿por dónde empezar a curar? Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio. Se habla. Se amuebla el escenario vacío del silencio. O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje. -¿Por qué está callada? ¿En qué piensa? No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al ina- gotable fluir del murmullo. A veces -casi siempre- estoy húmeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y coger- me a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena frigidez. Húmeda. Concha de corazón de criatura humana, corazón que es un pequeño bebé inconsolable, "como un niño de pecho he acallado mi alma" (Salmo) Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honrarla con mi presencia prestigiosa (si me quisieran un poquito me ayudarían a anularla) oh no es que quiera coquetear con la muerte yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a fuerza de prolongarse, (Ridículamente te han adornado para este mundo -dice una voz apiadada de mí) Y Que te encuentres con vos misma -dijo. Y yo dije: Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma enti- dad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en la fusión de los contrarios. El suicidio determina un cuchillo sin hoja al que le falta el mango. Entonces: adiós sujeto y objeto, todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales, ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión y del encuentro, fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolu- ción de sociedades de consumo, y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo median- te relojes, calendarios y demás objetos hostiles, lejos de las ciudades en las que se compran y se vende (oh, en ese jar- dín para la niña que fui, la pálida alucinada de los suburbios malsanos por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que no has tenido madre (ni padre, es obvio) De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18, en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación de absoluta NO-ALIANZA con Ellos -Ellos son todos y yo soy yo- finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar, pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis sombras in- teriores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad, cuanto más profunda, más indecible) y los puteo porque evoco a mi amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será nin- guno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala, pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afron- tado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues las mone- das de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recin- to lleno de espejos rotos y sal volcada- viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos, cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía, y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié, oh, es a vos que mi tesoro fue confiado, te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más, (vos, yo, a quienes la vida no nos merece)
Sala 18 cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua, 15 o 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante, porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalíti- ca se olvidó la llave en algún lado: abrir se abre pero ¿cómo cerrar la herida?
El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no resta- ñan la herida que supura. El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o segura- mente, le ha causado la vida que nos dan. "Cambiar la vida" (Marx) "Cambiar el hombre" (Rimbaud) Freud: "La pequeña A. está embellecida por la desobediencia", (Cartas...)
Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica. Sin duda, muchas claves las extrajo de "los filósofos de la naturaleza", de "los románticos alemanes" y, sobre todo, de mi amadísimo Lich- tenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como: "Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas" Algo solo estaba, ¿no? (Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!) Y a Kierkegaard Y a Dostoyevski Y sobre todo a Kafka a quien le pasó lo que a mí, si bien el era púdico y casto -"¿Qué hice del don del sexo?" -y yo soy una pajera como no existe otra; pero le pasó (a Kafka) lo que a mí: se separó fue demasiado lejos en la soledad y supo -tuvo que saber- que de allí no se vuelve
se alejó -me alejé- no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal) sino porque una es extranjera una es de otra parte, ellos se casan, procrean, veranean, tienen horarios, no se asustan por la tenebrosa ambigüedad del lenguaje (no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches) El lenguaje -yo no puedo más, alma mía, pequeña inexistente, decidíte; te la picás o te quedás, pero no me toques así, con pavura, con confusión, o te vas o te la picás, yo, por mi parte, no puedo más.
(1971)
*AP escribió este poema durante su estadía en el Hospital Pirovano. El texto, tal como se reproduce, está mecanografiado y lleva correcciones hechas a mano por la autora. No se había incluido en la edición de 1982 de sus textos póstumos
sábado, 1 de enero de 2011
Ella y tu silencio
Volví a ocupar mi silla de invierno junto al fuego.
Guardé secretamente la llave del mandala. Me derramé como una gota de hambre sobre el mantel, como un sueño desvaído en la furia del insomnio. Quería un color que anide en el vacío, que no se seque entre lágrimas.
Éramos: ella y tu silencio.
Yo era otra luna que se quiebra, la que tiembla de frío a este lado del alba, la que no resplandece en tu neblina.
Fragmentos, pensamientos fugitivos, decís. ¿Se les puede llamar fugitivos cuando se trata de obsesiones, es decir, de pensamientos cuya característica principal es justamente no huir?
E. M. Cioran
No todas las verdades se pueden decir: unas porque me importan a mí, otras porque importan al otro.
Baltasar Gracián
Impón tu suerte, sujeta tu felicidad y ve hacia tu riesgo, ya se acostumbrarán a mirarte.
René Char
Veo al hombre desnortado a fuerza de perversiones políticas, confundiendo la acción con la expiación, llamando conquista a su aniquilamiento.
René Char
Hay personas que se encuentran un pelo en todos los platos sólo porque al sentarse a la mesa sacuden tanto la cabeza que siempre acaba por caer alguno.
Friedrich Hebbel
Como no sabía que era imposible, lo hice.
Albert Einstein
Si ya lo que hemos vivido lo olvidamos con frecuencia, mucho más olvidaremos lo que meramente hemos pensado. Así, pues, ponerlo por escrito.
Arthur Schopenhauer
La noche es el cuchillo que corta lo que le sobra al día; el sobrante es la claridad que ilumina el sueño. Humberto Ak'abal
Todos los usos del lenguaje para todos, no tanto para que todos sean artistas, sino para que ninguno sea esclavo.
Gianni Rodari
Ya que se escribe en público de pecados secretos, me he propuesto escribir en secreto de pecados públicos.
G. C. Lichtenberg
El genio se compone de un 2% de talento y un 98% de perseverante aplicación.
Ludwig van Beethoven
Si llevan agua son ríos. si no, caminos.
Humberto Ak'abal
Lleno está de méritos el Hombre; mas no por ellos; por la Poesía ha hecho de esta Tierra su morada.
F. Hölderlin
Nunca llega uno tan lejos como cuando no sabe adónde va.
Johann W. Goethe
La poesía debe ser hecha por todos.
Lautréamont
La poesía, independientemente de toda pasión, no le teme a la muerte, porque la muerte es su presencia iluminada y, en esa dimensión, más que morir, la sangre se transforma.
Miguel O. Menassa
Como la luciérnaga es para la gente... Sin que nadie sepa cómo se es, si se está apareciendo o desapareciendo sin que nadie adivine, ¿pero piensas que mientras tanto uno no vive? Vive, tiene historia y todo, como la luciérnaga.
Clarice Lispector
"Lo que sirve no estorba" y lo que estorba debe ser removido.
Almafuerte
El silencio, históricamente, es homicida. ¿No digo nada porque espero que ella misma diga lo suyo, o no digo nada para que nada se modifique?
Miguel O. Menassa
Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.
Martin Luther King
Yo trabajo el silencio lo hago llama
Alejandra Pizarnik
El hombre muere apenas si otro hombre lo nombra.
Miguel O. Menassa
No es que las piedras sean mudas: sólo guardan silencio.
Humberto Ak'abal
Cuando todo está destruido, la única posibilidad es poética.
Miguel O. Menassa
En ninguna historia se revive, como en las irisaciones de los vidrios antiguos, la fugaz y emocionante historia de setecientos mil crepúsculos y auroras.
Oliverio Girondo
Dios es el único ser que para reinar no tiene necesidad de existir.
Charles Baudelaire
... Pensé, en efecto, que para un celoso trabajador siempre habría un lugar, por pequeño que fuese en las filas de la Humanidad laboriosa, aunque no se hallase integrado en ninguno de los grupos nacionales. ... Sigmund Freud
Es engañarse creer que sólo las pasiones violentas, como la ambición y el amor, son capaces de arrollar a los demás. La pereza, tan lánguida como parece, no deja por eso de ser a veces la dominadora.
La Rochefoucauld
Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.
Antonio Porchia
A veces parece que estamos en el centro de la fiesta. Sin embargoen el centro de la fiesta no hay nadie, En el centro de la fiesta está el vacío. Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Roberto Juarroz
La puerta es la que elige, no el hombre.
Jorge Luis Borges
No diré que la vida me sonríe, pero desde hace algunas horas he comenzado yo a sonreírle a la vida.
Miguel O. Menassa
Un verso es la palabra encendida -de los hombres o de los pueblos- que bajo el cielo desnudo y frente al sol aún es fuego.
León Felipe
Un abandono en suspenso. Nadie es visible sobre la tierra. Sólo la música de la sangre asegura residencia en un lugar tan abierto.
Alejandra Pizarnik
Como todas las sustancias corrosivas, el ingenio y el humor tienen que utilizarse con cautela.
G. C. Lichtenberg
El dolor no nos sigue: camina adelante.
Antonio Porchia
No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.
Oliverio Girondo
Mi orgullo consiste en no conocer más hombres que los que aman tanto como yo esta poesía específicamente subversiva, color de porvenir.
Paul Eluard
Muchos han muerto desesperados. Y esos han sufrido como Cristo. Pero lo grande, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada.
Cesare Pavese
El arte es nuestra enérgica protesta, nuestro valeroso intento de enseñarle a la naturaleza cuál es su sitio.
Oscar Wilde
No hay reino: sólo la claridad que hiere y la tiniebla que repara.
Raúl G. Aguirre
La vida, es lo que se goza de ella.
Calderón de la Barca
Cada vez que descubro una errata, pienso que se ha inventado algo nuevo.
Johann W. Goethe
La madurez del hombre es haber recuperado la seriedad que tenía de niño en los juegos.
F. Nietzsche
Libertad para que florezca el amor. Represión para aplacar la muerte.
Miguel O. Menassa
Una máxima, para estar bien hecha, no exige ser corregida. Exige ser desarrollada.
Lautréamont
Arriesgarse es perderse un poco, no arriesgarse es perderlo todo.
V. Mayakovski
Lo que busco no es lo real ni tampoco lo irreal, sino lo inconsciente, el misterio de lo instintivo de la raza.
Amadeo Modigliani
En el amor, como en casi todos los negocios humanos, el acuerdo es el resultado de un malentendido. Este malentendido es el placer. El hombre grita: «Oh, ángel mío». La mujer ronronea: «Mamá, mamá». Y estos dos imbéciles están persuadidos de que piensan de consumo. El abismo infranqueable que produce la incomunicabilidad, sigue infranqueado.
Charles Baudelaire
El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo.
René Char
La guerra no sólo tiene víctimas humanas, aunque se cuenten por millones. Lo que cae en una guerra, son libros, páginas escritas, pensamientos.
Miguel O. Menassa
La diligencia excesiva en saldar un favor es una forma de la ingratitud.
La Rochefoucauld
Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo la primavera siempre volvería. Tú, florece.
Anónimo
Has confiado tu vida a un cabello: no te debatas, pues de lo contrario lo arrancarás.
Cesare Pavese
Virgen el acto, incluso cuando se repite.
René Char
Uno es lo que hace con lo que uno es.
Jean P. Sartre
Había que escribir sin para qué, sin para quién. El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara. El silencio es tentación y promesa.
Alejandra Pizarnik
El mejor modo de esperar es ir al encuentro.
Mario Trejo
Conviene que la poesía sea inseparable de lo previsible, pero todavía no formulado.
René Char
El trabajo inmediato, incluso el malo, es preferible a la ensoñación. Una serie de pequeñas voluntades dan lugar a un gran resultado.
Charles Baudelaire
De todo cuanto se ha escrito, yo sólo valoro aquello que el autor ha escrito con su propia sangre. Escribe con sangre y comprenderás que la sangre es espíritu. No resulta fácil entender la sangre ajena; odio a los que leen por pasar el rato.
F. Nietzsche
El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en tener nuevos ojos.
Marcel Proust
El arte no debería jamás intentar hacerse popular. Es el público quien debería intentar hacerse artístico. La diferencia es inmensa.
Oscar Wilde
El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve...
Antonio Machado
Llovió tan fuerte que todos los cerdos quedaron limpios y todos los hombres embarrados.
G. C. Lichtenberg
Hay almas que no se descubrirán nunca, como no se comience por inventarlas.
F. Nietzsche
Si no se habla de una cosa, es como si no hubiera ocurrido. Sólo la expresión da realidad a las cosas.
La Rochefoucauld
Vengo de morirme, no de haber nacido. De haber nacido me voy.