¡Ay, amor!
¡Ay, amor! si tú vinieras
con la violencia colosal
hecha llovizna,
con el dolor
de no poder amarme
al aguacero...
¡Ay, amor! si te recuerdo
en estas tristes páginas
donde pervive el tiempo.
Fui la clara mañana,
el norte agonizando
en que te espero.
El sur y el desencuentro,
en los jardines helados
del destierro.
¡Ay, amor!
si tú esperaras siempre
al otro lado de mi sueño,
el sueño que te busca verdadero,
el más temido,
el que persiste en la memoria,
el venidero.



